DEA en Comunicación y Humanidades por URL
Profesor de EADA Business School, IL3 (UB) y IDEC (UPF)
Comunicador y Conferenciante Open Mind
Desambiguador. Ayudante a pensar.

La comunicación no es todo, pero está en todo

Y la dictadura de los Miserables

Tipo publicación:
Artículos en prensa

Fecha publicación :
24-04-2001

Medio:
Expansión


  

Superados los sentimientos contradictorios de saber que se vive entre mediocres y que, en ocasiones, cada uno de nosotros lo es un poco, nuevas experiencias truncan nuestra frágil salud laboral y anulan la paz intelectual (ver "La dictadura de los mediocres", Expansión 1.03.01). 

Ser mediocre no es tan horroroso, ni irreversible. Todo el mundo necesita adentrarse en la mediocridad, desconectar un poco y dejar de pensar profundamente. No es tan peligroso estar mediocre como serlo. Pero si el mediocre pierde el tiempo, representa lo común y lo imperfecto como humano; una previsible, aburrida y pegajosa tropa acecha, con mucho más peligro, nuestra cotidiana vida laboral: los miserables.

Hay hombres y mujeres miserables. Sabemos de  jefes miserables y empleados  miserables, los hay en la empresa privada y en la pública (y también en la familia). El miserable parte de una asimetría de poder, exhibe  más recursos y una jerarquía real o supuesta, argumenta edad o antigüedad, examina lo nimio (la miseria) e inhibe todo movimiento a medida que es creado.

Los miserables abundan menos que los mediocres, pero fastidian más. Se agazapan en organizaciones de jerarquías múltiples, con excesivas cargas de trabajo  y con una comunicación deficiente o nula. Crean temores, no liberan la imaginación, ni refuerzan la calidad de la manera de pensar. Malviven con el triunfo de los demás, afrontan los conflictos como cuestiones personales e imponen el silencio como moneda de cambio. Acosan psicológicamente a sus víctimas minando su autoestima, van contra su reputación profesional y dignidad personal. Manipulan, amenazan, acentúan los errores de sus compañeros de trabajo  y basan su relación en una comunicación hostil: es la dictadura de los miserables.

Los miserables son, en realidad, los fabricantes de mediocres. Por eso es saludable dejar de ser mediocre e insatisfacer a los miserables no entrando en su juego ni dejándose acosar. Es imprescindible redefinirse constantemente para no caer en su discurso reduccionista y ser consciente de los logros obtenidos.

Las empresas necesitan de lideres que se impliquen en el cambio en lugar de impulsarlo. De jefaturas que faciliten el compromiso en lugar del cumplimiento. De mandos que analicen globalmente y pidan ayuda, aunque eso suponga revelar su inseguridad.

Los cambios que se avecinan sólo se pueden superar si una comunidad aumenta su capacidad para dar forma a su futuro más digno. Es por eso que el mayor reto de la empresa y la sociedad consiste en impulsar a una nueva saga de personas: los creadores de dignidad cotidiana y universal.

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