DEA en Comunicación y Humanidades por URL
Profesor de EADA Business School
Comunicador y Conferenciante
Ayudante a pensar (Empresa&Cliente&Empleado)
Autor de libros de empresa

La comunicación no es todo, pero está en todo
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11
May
2012


Dos principios


A veces,  el cerebro necesita descanso. Muchos prefieren "Sálvame" y otros nos inclinamos por pasear. Mientras el sol va dejando las sombras dibujadas en los edificios, andar sin prisas y recordar lo vivido es un nuevo gozo emocional.

Esta semana que acaba he podido disfrutar de impartir conferencias en Bilbao con Isidre Esteve en MGS, "La carrera de tus sueños";  en Madrid con MHK, "El nuevo consumidor y las Redes Sociales"; en Manresa en el día de la Enfermera, "Un nuevo mundo: pensar diferente" y en Valencia en una mesa redonda denominada, "El Talento" con exitosos escritores entre los que se encontraba Juna Albert, autora del libro Sincroniza tu Vida.

En si mismas, todas las conferencias fueron un gozo intelectual: por hacerlas y recibir el cariño de los participantes. Pero debo añadir un gozo emocional al escuchar a Albert; una escritora licenciada en Físicas que ofreció unas reflexiones sobre el mundo interior de los humanos. Recuerdo bien su mensaje. Tanto que dos palabras se han quedado grabadas en mi cerebro como el tatuaje de un marinero a su amor imposible. Juna Albert dijo que la inteligencia y el amor han sido y serán siempre imprescindibles para la supervivencia humana.

Mientras camino pienso que Inteligencia y Amor son dos buenos principios para encontrar muchos finales maravillosos.

Dedicado a Juan Albert, autora de Sincroniza tu vida. http://verbopedia.wordpress.com/

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2
May
2012


Principios


"Cuando no te aclares vuelve al principio", aconseja el filósofo.

La palabra "principio" es poli semántica; es decir, confusa sin acompañamiento. ¿Se trata del principio como una unidad de tiempo? o, sin embargo ¿es un punto de referencia ético-moral? 

Además, todo principio tiene su propio principio, con lo cual es difícil saber donde está el principio de verdad. En cualquier caso, todo principio tiene su final.

Por eso, al final, si piensas mucho en el principio no tendrás un buen final.

En definitiva: En la vida hay que tener pocos principios y muchos finales.

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16
Feb
2012


Cabos sueltos


A los humanos les encanta el control y desean tenerlo todo intervenido.

Los padres vigilan a sus hijos, los jefes a los empleados, los políticos a los ciudadanos, los hombres a sus mujeres y éstas a aquellos. También hay amigos que controlan a otros; religiones a religiosos y partidos a militantes.

Sin embargo, lo verdaderamente llamativo es que pocos humanos desean ser fiscalizados. Los controladores no soportan el control; los inspectores no aguantan la inspección y los examinadores no toleran el examen.

Todos reclaman una norma diferente para ellos mismos. Con alguna excusa u otra quieren ser valorados por sus intenciones y no por sus resultados. Les basta con exponer su (según ellos) magno esfuerzo para dejar de rendir cuentas de forma justa.

Más allá de su manipulación, no son capaces de darse cuenta que el control total es imposible. Dentro de unas normas pactadas (pocas pero claras) la vida necesita de cabos sueltos. La creatividad aparece cuando se libera la vigilancia y  para amar es necesario perder el control.

Hay una felicidad en la expectativa de felicidad y para ello, es preciso que existan elementos fuera de control. Los humanos no están preparados para tener cabos sueltos en su vida y por ello no lo están para ser felices. Dedicada a Sònia Marqués de http://www.elemotional.com/

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2
Nov
2011


De Malos y Tontos


Parece tener sentido que en el futuro vivamos en Megaregiones. India y China ya los son: Chindia.

EEUU arruinada por las guerras después del 11S, busca aliados para formar una de ellas. Y mira a su alrededor. Ve una comunidad de vecinos que podría ser un buen candidato para asociarse con ella. Desea que su torre señorial pueda sobrevivir en estos tiempos turbios.

Allí está: El Edificio Europa.

Sin embargo, al acercarse se oye una radio a tal volumen que podría perforar los tímpanos de los marcianos. Un vecino utiliza el patio de luces como vertedero oficial y, otro, en los bajos del inmueble, gasta tanta mala leche que tiene una fábrica clandestina de yogures.  Mientras tanto, en el sótano hay una oficina de arquitectos especializados en hacer puentes cada vez más largos.

Viendo que la comunidad es ingobernable, llaman a una vecina alemana que parece la más sensata del edificio. Quieren que ponga orden. Ésta, viendo que la escalera es en realidad una colmena de mosquitos tigre esquizofrénicos, busca la ayuda de un amigo francés casado con una aristócrata. Después de no muchas reuniones con los propietarios (unas mil), han llegado a la conclusión que deben pagar, entre todos, las deudas de los demás vecinos.

Con el corazón tranquilo regresan a sus pisos. Sin embargo, el casero que tiene más apuros para pagar la luz, el recibo de la comunidad y aquel, susodicho aquel, que firmó una hipoteca para saldarlas y se la pulió para fiestas y festines, ha reunido a toda su familia. Ha convocado un referéndum para aprobar si se deja costear por todos los vecinos sus propios compromisos.

Maravilloso Edificio Europa.

Slogun: Es preferible un malvado que un tonto. Pero lo peor es un malvadotonto.

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25
Oct
2011


De Caras


Hay humanos que tienen mucha cara. No me refiero a las dimensiones de su faz sino al significado popular de saltarse a la torera normas, colarse, aprovecharse de los demás, aparcar en lugar de minusválidos o, simplemente, pirular lo que se pueda.

La tierra está en un tiempo en que la cara dura ha vuelto a sus andadas. Tanto en la casa, como en el trabajo y en la ciudad la crisis que soportan todos humanos es consecuencia de la peculiar configuración de la fisonomía de mayormente muchos.

Su tez es dura como el cemento armado capaz de soportar cualquier embestida de moral, generosidad y humildad. A pesar de tener protuberancias a cada lado parecidas a las orejas, tan sólo son apéndices decorativos sin ninguna función; en su centro se encuentra la entrada-salida de una especie de túnel que conecta una con otra y ocupa el espacio donde tendría que aposentarse un órgano sin importancia llamado cerebro.

Es oportuno fijarse en los sonidos que emite una cavidad por debajo de la nariz. Cuando alguien tiene la cara de recrimínales alguna acción poco saludable para los demás, es fácil detectar como emite gritos, farfollas y palabras soeces, mostrando pruebas en su defensa con argumentos de gran calado como "¿es qué es tuyo?", ¿sino lo hago yo, lo hará otro" y  "¿tú qué, maricón?

Este tipo de humanos, muy esparcidos por el Planeta Tierra, no encuentran ninguna razón para ser agradecidos a los consejos que se le pueda dar a favor de eliminar el hormigón de su rostro;  son capaces de construir una barricada de excusas difícil saltar ni por ellos mismos.

El orgullo de ser caraduras es imprescindible para pertenecer a su Club y, el CarnéVIP se obtiene cuando no queda ni una pizca de respeto en su encofrado mental.

Slogun: Los que tiene mucha cara, quieren salvar la cara sin dar la cara.

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13
Jul
2011


Refutación de la Malaleche


Me refiero a la Malaleche de verdad. Todos tenemos momentos irascibles en que no podemos controlar nuestros impulsos; pero me refiero a aquellos que son reconocidos por su Malaleche. La diferencia estaría en que 8 de cada 10 veces la tienen, mientras que los demás sólo la practican 2 de cada 10.

No se les conoce con facilidad. Son buenos contertulios y mantienen su estado social a buen nivel, pero ahh, cuando se encierran en su cueva (trabajo y casa), la practican profesionalmente. Tienen un carácter para analizar. Los reconocerás porque lo quieren todo bajo su control. Un control sin normas, por supuesto: un día se cabrean por A y el siguiente por B. Hablan en genérico; es decir, acusan con titulares amarillos, pero nunca se refieren a hechos concretos. Tienen muchos piques virtuales (un cabreo en busca de una causa y un causante) y arrasan con el primero que encuentran en su camino al baño de la oficina o con el único que hay en casa. Importante: hablan solos mientras caminan (rezan, vamos). No piden las cosas y acciones con la palabra por favor, ni dicen gracias después de obtenerlas. En otras palabras, utilizan a las personas en lugar de hacerlas sentir útiles. No reconocen nada de lo que hacen bien los demás. Parece que, en realidad, tienen envidia; y, quién sabe más, es un listillo. Se mantienen erguidos (mentalmente) haciendo recorrer toda la distancia que les separa con los demás para sentirse importantes. Curioso es el orgullo de su Malahostia (con perdón por mala), saben que la tienen y se sienten bien con ella. No hacen nada por eliminarla porque es causa del comportamiento del mundo. Hablan para decir nada y nada hablan cuando hay que decir.

En fin, me está entrando Malcuerpo. Me olvidaba. No son cariñosos ni hacen refuerzo positivo. Les hablan a los perros como si fueran niños y a los niños como si fueran perros y, bueno,  se obsesionan por los "comos" y nunca por los "ques".  Al final, lo firman todo con un portazo o similares.

Y, ¿sabes qué?: acaban sacando lo peor de ti.

Hazme caso, si quieres tener buenas vacaciones, ten en cuenta esto: Hay muchos humanos (hombres y mujeres) con Malaleche pero somos más los que no queremos convivir con ellos.

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3
Feb
2011


Elogio de la generosidad


Hay veces que tropezamos con palabras que nos hacen salir de nuestro tedio cotidiano. Esta vez ha sido el vocablo, generosidad.

En primer lugar, generosidad no tienen nada que ver con el dinero. Ni dar, ni prestar ni regalar patrimonio me parece un ejercicio de esta palabra. Generosidad es un estado mental que nace y se aprende con la vida. Sin este pequeño cable conectado en nuestra cabeza no se puede convivir en casa, ni en el trabajo, ni en la ciudad.

La conexión con su significado permite a las personas regalar una sonrisa sincera a los demás; son capaces de iluminar su entorno en todos los ámbitos de la vida: ríen de pijama a pijama. Saben comunicarse con las palabras correctas, respetuosas, múltiples y amorosas. Carecen de la avaricia del monosílabo, tienen la filantropía de la conversación y  predisposición del ánimo. El buen humor es generosidad en movimiento.

En la empresa es muy necesaria. Para trabajar en equipo se necesita el altruismo de compartir ideas y experiencia para llegar a la mejor solución. Para dirigir personas hay que expresar desinterés por la propiedad de los conocimientos y mostrarse dadivoso para trasmitirlo. Nadie puede dar servicio al cliente sin hospitalidad.

En casa, por la dificultad de poder escaquearse de los que no la tienen, es imprescindible la generosidad. Para ser feliz hay que hacer un derroche de palabras y acciones; es necesario amar desde la magnificencia del cariño y luchar contra la cicatería que contiene el silencio. El mutismo es el gran enemigo del amor y es muy difícil convivir con personas con afonía cerebral. La mudez emocional es el veneno más potente para asesinar cualquier relación; es la sordina que taladra y anula el oído de la pasión.

Si un algún día topas con esta palabra y te das cuenta que estás rodeado de humanos escasos, antipáticos, desagradables, incómodos y malhumorados; de gente que calla y no tiene la bondad de ofrecerte la razón por la que enmudece, se generoso contigo mismo: en lugar de dispararte un tiro al pie, mete la cabeza dentro de un water embozado. Da repelus, pero siempre es mejor que ser reconcomido por la escasez de generosidad.

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18
Sep
2010


De dueños y directivos


"Maravillosa Empresa Familiar". Eso pienso cada vez que salgo de una de ellas. "Empresas increíbles, con un marca megareconocida que su dueño sigue supervisando la factura del papel higiénico". Curioso. "Quizás sea eso lo que hay que hacer para tener éxito". No sé. Si sólo fuera esta pequeña anécdota podría; pero es que hay más. Muchos entienden su empresa como su casa y, sus empleados, como sus hijos (quizás). Han tenido éxito y, sin embargo, no tienen un modelo de gestión claro (evidentemente, él o ella es el modelo); los organigramas están hechos a medida de aquellas personas que le ayudaron a emprender y ahora no sabe como cambiarlos. "Cada persona es un banco de emociones y, a su vez, una hipotecada de otra". Quieren ceder (eso dicen) la empresa a sus directivos, pero ninguno es lo suficientemente bueno para mantenerse. No entienden que nadie pueda aprender tan rápido los secretos de un sector tan diferente (siempre, el suyo, es diferente) y aborrecen a los teóricos (masters del universo, según ellos) para vanagloriar la experiencia (sin s) que ellos o ellas acumulan.

"Pero, han tenido éxito". Y no hay nada que objetar. "Pero ¿lo seguirán teniendo? No lo sé. La nariz me dice que sino cambian tendrán muchos problemas. Sufrirán el estrés de controlar cada vez menos; la angustia de ver (así lo ven) de que nadie hace su trabajo bien y el pánico de quedarse sin nada. "No vendieron la empresa cuando tocaba y, ahora no son capaces de cambiar de paradigma".

"No todas son así". Lo ignoro, pero las que conozco y las que me hacen conocer, todas se parecen. "No en todo, pero en esencia todas".

La Empresa Familiar ha sido la referencia económica de nuestro país y ha de seguir siéndolo pero ha de cambiar de perspectiva. No quieren reconocer las señales de confianza de clientes y empleados y, se encierran en capturar únicamente las de los gobiernos. "Nadie les ayudará. Sólo ellos, dándose cuenta que han de volver al principio para emprender de nuevo con renovadas ideas".

Tan sólo se trata de pensar diferente. "Sé que es lo que cuesta más". Pero lo tenemos que hacer y, rápido. La política, la economía, la vida, los clientes, son ellos los que nos esperan a nosotros; no somos nosotros quienes debamos esperar nada de ellos.

"Por cierto, ¿cuanto tiempo ha estado desayunando mi secretaria?, porque aquí, si no estoy yo, no funciona nada".

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18
May
2010


La Educacción


El debate de la educación está y estará siempre abierto. Sin embargo, parece que en estos tiempos, ninguno de sus protagonistas están de acuerdo: ni los padres, ni los profesores, ni los alumnos, ni las instituciones, ni los pedagogos, ni los sociólogos de la educación van a una para poder encontrar soluciones a nuestro cambio de era.

Quizás los cambios de época necesiten de la valentía de unos pocos para romper los manuales de todo lo pasado, sin haber construido los del futuro. Los niños, las niñas, los estudiantes ya no son lo que eran y deben ser tratados como miembros de un nuevo planeta en el que no harán nada sino les gusta de entrada. Su talento empieza a formarse por esta primera sensación. La premisa, "la letra con sangre entra" está muerta pero no sus consecuencias. Los padres son muy vulnerables a los cambios y encuentran en la casa el espacio ideal para conservar el estilo de educación que más les conviene. No el que encaja mejor a sus hijos, sino a sus esperanzas, deseos y traumas.

A principios del siglo XXI, hay padres que exigen a sus hijos acciones que ellos no hacen y radicalizan sus posiciones para educarlos. Bajo la premisa de, "nadie me dice como debo educar a mis hijos" hay padres que les lavan la boja con detergente a sus amados descendientes cuando dicen palabrotas como si ellos nunca los dijeron, dicen o dirán. Aparcan mal el coche delante del colegio para irlos a buscar a la salida y miran siempre la nota que ha obtenido el compañero para valorar la de sus hijos. Increpan a la profesora de gimnasia rítmica porque "mi niña hace el ridículo vestida así" cuando su pequeña está encantada.

Los profesores deberían publicar en cada colegio una memoria anual de las acciones de los padres que llevan la contraria a sus explicaciones. No cabe duda que de todo hay en todas partes, pero hoy les toca a los padres hacer una reflexión muy profunda para garantizar el futuro a sus hijos.

Los profesores son respetables como personas y su trabajo lo es por sus consecuencias. Hemos de pedirles cuentas, pero no por una acción o una nota, sino por su capacidad de saber encontrar el camino para que sus alumnos tomen las mejores acciones para enfrentarse a la vida futura.

Pido la obligatoriedad de la Carrera de Padres. Un grado que tuviera las asignaturas de "Todo ejemplo siempre educa"; "Refuerzo positivo, por favor"; "Exigencia y ternura a la vez, gracias"; "El disgusto se soluciona con amor, porfa"; "Deberes y diversión pueden coincidir, carajo"; "Si estás cansado, no tengas prisa, marialuisa". Y con toda seguridad, los niños nos ofrecerían más asignaturas para el postrado, el master y el doctorado obligatorio.

En la medida que todo se convierte en acción, deberíamos darle la misma importancia a lo que hacemos que a lo que decimos y tener en cuenta que el refuerzo para un 5 en matemáticas no tiene sentido y uno para el 9 de música, sí.

 Es la hora de los padres. Sería la hora de la Educacción.

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18
Nov
2009


Los seis regalos de Navidad


Cuando eres niño o niña te encuentras, en principio, con cuatro elementos que condicionan tu vida: el padre, la madre y sus creencias. De toda esa red de relaciones, visibles e invisibles, se forma nuestra visión del mundo y, desde ella, la percepción de nosotros mismos en un hábitat desconocido. Pronto aprendemos a subsistir en ese ambiente. Sin embargo, después, nos encontramos con la necesidad de comprender el entorno que nos rodea. La escuela, los profesores, los amigos, la gente, los otros, en definitiva, nos propondrán pensamientos distintos a lo conocido hasta entonces y nuestra existencia se volverá más compleja.

Es la rueda de la vida, que no parará nunca. Así, de mayor, nos daremos cuenta que las celebraciones y sus regalos forman parte de una combinación entre nuestro interior, nuestro entorno más cercano y las influencias de lo más lejano.

Aquí, en las Fiestas de Navidad, lo celebramos todo al gusto del celebrador y, eso sí, nos hacemos muchos regalos. Quizás, haya seis que no deberíamos olvidar nunca.

Disfruta del presente. No tengas rabia por el pasado, ni esperes que el futuro lo solucione solo, porque es imposible. Estar aquí, en este momento, es la mejor celebración que podemos tener.

Celebra estas fiestas y coge fuerzas para seguir. La vida no escoge a los más fuertes, sino a los que mejor se adaptan a la rueda de la vida. Hoy, hay que gastar más energías para cambiar y hacer lo que nos más nos gusta y, así, estar preparados para afrontar el próximo año.

Siéntete libre. Hasta hoy, se creía que el ser humano vivía analizando una parte de la realidad y el resto se lo inventaba. En la actualidad, los científicos aseguran que, primero pensamos la realidad y, luego, la sufrimos o la disfrutamos según la vivimos. Para que todo encaje, hay que ser responsables con lo que pensamos y hacemos. Libérate de pensamientos dañinos.

Inventa tus regalos. Los humanos creemos que tenemos que estar bien para hacer cosas y es, cuando hacemos algo, que nos sentimos bien. Crea tus propios obsequios. Piensa una poesía, escribe una carta, dibuja, pinta tus sentimientos y, a todo, ponle un marco. Será un regalo que nadie olvidará. 

Regala palabras. Los silencios, las palabras adecuadas, los tonos y las muecas son las llaves que abren o cierran la cárcel emocional. Piensa en lo que dices y como lo dices. Se amable y educado. Es una buena práctica para el resto del año.

Mantén la ilusión siempre. Hay regalos a todas horas. Están ahí, en forma de palabras dichas o escritas que, convertidas en frases y conversaciones, son un regalo para el cerebro y para el alma. No desaproveches ninguna ocasión para leer, preguntar, para escuchar y mirar al mundo con ojos de niño o niña. Hay que aprenderlo todo de nuevo.

Aprovecharé estas fechas para hacerme estos regalos.

Felices Fiestas de todo corazón.   

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18
Oct
2009


De fidelizar o no


Fidelizar debe significar amar mucho y para siempre. Digo debe, porque no se muy bien como interpretar los programas de fidelización que hacen algunas empresas.

Se supone que, entre otras muchas cosas, las tarjetas que acumulan puntos y que te permitan pertenecer al selecto club de socios que disfrutan de distinguidas ventajas son el paradigma de la fidelización Me imagino, también, que la fidelización tiene como objetivo luchar contra la deslización. Es decir, buscan sellar cualquier "desliz" con la competencia.
 
Digo me imagino, porque la experiencia con las tarjetitas es de lo más contradictorio. En la práctica, adquirir una tarjeta de fidelización es fácil, pero utilizarlas se convierte en un sufrido camino de frustraciones para los clientes.
Veamos. En primer lugar, la tarjeta siempre ha de ser exhibida. No vale ni el carné de identidad, ni el de conducir, ni nada que te permita obtener los beneficios si te la has olvidado o ese día pasabas por allí sin el carrito de tarjetas (similar al de la compra) que uno necesita para transportarlas todas.
 
La tecnología actual permite saber si alguien es socio o no con claves o documentos personales, pero sin la tarjeta no hay fidelización. Es como si no pudieras entrar en casa sin el libro de familia en la boca. En las grandes cadenas de franquicias, suceden otras cosas curiosas. La ausencia de tarjeta es aceptada si vas a la tienda donde te la emitieron, pero si por casualidad un viaje de negocios o de ocio te ha llevado a un lugar distinto y vas sin la tarjeta, vuelve al párrafo anterior.

       En otras empresas hay que hacer un nuevo tipo de protocolo más allá de convertirse en socio. Una vez hecha la compra ha de ser el mismo cliente quien demuestre su fidelidad recurriendo a la tecnología para imputar los puntos de su adquisición. El propio sistema de compra no acumula lo prometido sino que es el cliente quien lo debe provocar. Pero si el cliente se demora en hacerlo, el sistema hace caducar los beneficios de la compra. Es decir, has de llegar con el libro de familia en la boca a una hora determinada, porque sino, tampoco entras en casa.
   En fin, que las tarjetas de fidelización son un encanto, como la vida misma. Uno demuestra que es fiel a alguien porque supera las trabas innecesarias que le ponen cada día.

  Por eso, líbrenme de fidelización y déjenme deslizar por el camino de la tranquilidad de poder elegir, cada vez, aquello que realmente se merece el amor mucho y para siempre.

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18
Sep
2009


De Fobias y Filias


En estos últimos meses se habla mucho de fobias. La fobia es un manía a algo o alguien sin razones objetivas. Una de las más conocidas es la fobia a volar; pero también las hay a las hormigas, a las serpientes y a las aglomeraciones, entre muchas otras.
   Todas las fobias son mezquinas porque son manías en busca de una causa. Es decir, una fobia lo es por que no tiene en cuenta la información real o el cerebro manipula para mantenerla. La peor de todas, son las fobias entre humanos. No es de extrañar porque el ser humano es el único animal de la tierra que puede tener un "pique" virtual con otro humano. Es decir, un humano se puede enfadar con otro sin motivo y sin que el otro se entere.
   Por otro lado tenemos las filias. Una filia es un exagerado amor por algo o por alguien. Puestos a escoger, parece mejor tener una filia con otro humano que una fobia. Pero las filias también pueden convertir las pasiones en malignas y el amor en una cárcel emocional. La peor filia que existe es la que se profesa a uno mismo.    Aquella que tiene como máxima pensar en uno sin reflexionar con el entorno.
   En consecuencia, parece que cualquier fobia entre humanos (venga de donde venga) es el resultado de una filia. Aquella que proviene de profesarse un amor extremo por los pensamientos de uno mismo sin tener en cuenta la realidad del ambiente y sus complejas causas.
   Puede que cualquier X-fobia venga de una Y-filia. Con toda seguridad, la fobia entre personas viene de la gilipofilia humana.

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18
Apr
2009


De Habilidades e Incapacidades


¿Se imaginan anunciar un curso de "Cómo eliminar la incapacidad de trabajar en equipo"? Los cánones del buen marketing aconsejarían no hacerlo en nombre del éxito y las matrículas. Sin embargo, presiento que, como consecuencia de nuestra propia curiosidad morbosa, este planteamiento acabaría por tener una infinidad de alumnos oyentes ("no es para mi; sino para ver que se explica") frente a ningún matriculado real.
   Dejando de lado las especulaciones, todos los días estamos hablando de habilidades pero ninguno de incapacidades. En primer lugar no me parece que habilidad e incapacidad sean antónimos con el mismo peso.
   Cada persona tenemos un perfil psicológico, un currículo y unas experiencias que nos hacen individuos irrepetibles. De todo ello se derivan nuestras habilidades, es decir nuestras capacidades para enfrentarnos al mundo cada día. Y de esta foto-finish de nuestra vida hacemos la defensa de lo que podemos y no podemos hacer.
   Así las cosas, los humanos orientamos nuestra actividad a lo que nos es más placentero. Es decir, hacemos coincidir nuestras habilidades con nuestra actividad, buscando que nuestras incapacidades sean "innecesarias".
   En este punto la confusión está servida. Parece correcto, necesario e incluso imprescindible dirigir a nuestros hijos, empleados y a nosotros mismos hacia los lugares donde podamos y puedan aprovecharse todas las innatas y preferidas capacidades. Pero olvidamos con frecuencia que hay "otras" incapacidades que hacen media al unirse a "estas" capacidades.
   En una sociedad sobradamente preparada en capacidades profesionales, la crisis ha puesto de manifiesto que una terrible epidemia de incapacidades se ha expandido por la tierra exterminando todas las demás habilidades.
   Qué importará saber trabajar en equipo, o hacer presentaciones eficaces, si hemos perdido la capacidad para respetar a los demás y a la naturaleza; se ha contaminado la humildad de vacía chulería y esforzarse es de perdedores.
Convoco un nuevo curso en el aula que tiene cada una de nuestras cabezas: "Master en la Dirección del Esfuerzo para ser más Humildes y Respetuosos".

  
   No se admiten oyentes.

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18
Jan
2009


De Ideas e Ideales


Empieza el año con la crisis enfurecida. Ahora viene lo peor: la crisis de la crisis. Hoy empezamos a comprender que una crisis no es un cambio de grandes dimensiones sino de anchuras desconocidas. En estos momentos nos damos cuenta que no se trata de un salto de larga distancia sino un impulso al vacío. El punto más critico de una crisis consiste en darse cuenta que todo el mundo nos da consejos, pero al final, nos quedamos solos frente a un problema sin definir.
   Es el instante en que se ve que de la diferencia entre un cambio y una crisis tiene su explicación en la vida cotidiana. Cambio: cuando uno cambia a su pareja por otra. Crisis: cuando uno es el cambiado. Es el intervalo de tiempo que pasa entre sentirse bien y fatal; acompañado y solo; listo y tonto y feliz y cabreado.
   En estos períodos el cerebro necesita una tregua para repensarlo todo como antídoto para no volverse loco de ansiedad. Hay gestos de pequeña trascendencia que suponen siempre un efecto placebo necesario. Pero, para poder salir de una crisis, hay que reinventarlo todo con señas de largo alcance.
   Y la primera señal ha de venir del pensamiento político. Se ha dicho que han muerto las ideologías. Es cierto en parte. La ciudadanía está alejada de las ideologías pero no lo han hecho los políticos.
   Nuestros dirigentes (algunos empresarios y casi todos los políticos) siguen empeñados en ser coherentes. Esgrimen sus ideas con el formato de sus ideologías copiadas en un cortar y pegar cansino y repetitivo. Confunden ideas con ideología.       La ideología son pensamientos condicionados de entrada sin tener en cuenta el entorno. Aquí la condición no es el entorno de los demás sino su propio adentro.
   Pero los ciudadanos estamos prisioneros de nuestro entorno que condiciona nuestros adentros. Visto así, políticos (o algunos empresarios) y ciudadanos no estamos distanciados sino que vivimos de espaldas unos de otros.
   La ciudadanía quiere ideas: ideologías de salida que condicionan sus soluciones al entorno que afecta a sus adentros. Al ser humano de a pie ya le importa un bledo si el viento viene de la izquierda, de la derecha o el centro. Sabe que los árboles caen en sus casas y quieren soluciones. No les importa si los culpables de la crisis están muy cerca o muy lejos. Quieren ideas que, vengan de donde vengan, sean coherentes con el problema y no con una ideología empresarial o política.
   Si hay que hacer un nuevo contrato social, hagámoslo pero rápido. La felicidad de la ciudadanía no puede esperar.
   A pesar de todo, si ha sido el "cambiao", sonría; es el primer paso para sentirse "recuperao".

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18
Nov
2008


De buenos y malos


Cualquier debate o reunión es interesante por algo.Lo excitante de algunas discusiones consiste en adivinar las fases por las que transcurrirá. Hay discusiones que tienen el mismo morbo que pronosticar una película empezada.
   Entendemos que la propuesta final de cualquier reunión es la mejora sustancial de lo debatido. Hecha esta salvedad (no vaya a ser que lleguemos a la conclusión que se hace para empeorar) expliquemos la primera fase. Llamémosla, "Somos cojonudos".
   Efectivamente. Es imprescindible en esta etapa dejar claro que todo lo que se ha hecho ha sido fantástico por parte de todos. Si las cosas van mal y hay que cambiar, sobre todo que nadie tenga la culpa. Es una fase larga, no se impacienten. Dura todo lo que haga falta, hasta que un sombrío y traidor miembro del grupo saca datos que demuestran todo lo contrario.
   A partir de aquí, la segunda fase coge todo su esplendor. Sin esfuerzo creativo la podíamos definir, "Por que no te callas". Se trata de poner en duda datos y conclusiones. Esta fase es dura. El debate entra en una pelea de gallos que no terminará hasta que alguien acompañe su propuesta con un "Seamos valientes". Aquí tienen la tercera fase.
   A partir de aquí se pondrán sobre la mesa los problemas que existen; se anunciará que no todos los profesionales (de lo debatido) hacen bien lo que tienen que hacer. Y se advertirá que es necesario idear alguna cosa más que echarse incienso todo el día. La duración de la fase es corta. La participación poca. El consenso por silencio. Y entonces… fluye la cuarta etapa.
   La solución esta ahí, en nuestras narices, "cogeremos a los buenos y los llevaremos donde hay problemas". Bienvenida la gran solución. Incentivemos a los "buenos" para que arreglen los "marrones" que los "malos" no pueden (o no quieren) reparar. En otras palabras, invirtamos más en los "muy buenos" y dejemos tranquilos a los "malos" que bastante faena tiene con sus problemas.
   En este punto hemos de citar la mente humana. Los seres humanos tenemos la teoría de la relatividad metida en nuestro ADN. Somos lo que somos, no por lo que somos, sino por la comparación con lo que son los demás. Siendo así, el desenlace de esta fase es fácil de prever. Los buenos aceptaran (gracias a la mayor incentivación) trabajar en el campo marrón. Pero, poco a poco, se dan cuenta que, comparando lo que reciben con lo que dan, su ratio de tranquilidad ha bajado de forma fulminante (cobran 6000 unidades por solucionar 12000 marrones). Mientras, en el otro lado, los que son considerados no-buenos (nunca malos) cobran 3000 a cambio de solucionar cero (0) marrones. Las matemáticas hacen el resto. A partir de aquí ¿Quién quiere ser bueno?

   A esta última fase la podríamos llamar (siendo muy benévolos): "El pacto de la mediocridad".
   ¿No sería mejor desincentivar a los "malos" (no-buenos, perdón)? ¿No sería más correcto subir el listón para todos, en lugar de sólo para algunos? ¿No estaría bien marcar la raya de lo bueno en lo alto en lugar de sellarla en lo bajo? ¿No tiene más sentido que todo el mundo sea buen profesional y que los "malos" sean invitados a dejar de serlo (si o si)? ¿Qué futuro le espera a una empresa, un país, a un individuo o una familia con estas ideas?
   Puede que haya debates y reuniones que no vayan por estos derroteros. Si conocen algunos por favor, invítenme que se me ha acabado el incienso.

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14
Sep
2008


El Sindrome de Agüado


Bienvenidos. Muertas las vacaciones, viva el Síndrome Postvacacional. En medicina, un síndrome (en griego syndromé, concurso) es un conjunto de síntomas que se presentan en tiempo y formas predeterminadas. Las causas acostumbran a ser una insuficiencia en la salud. Por ejemplo: insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal y muchas otras.
   El Postvacacional se da en el contexto del trabajo y viene provocado (como su terminación indica) por la terminación (valga la redundancia) del periodo de descanso laboral. En este caso se intuye una entrada lenta a la labor, propia de un mal acostumbrado encefalograma plano. Serán necesarios largos descansos y conversaciones interminables sobre los lugares y gentes visitados, combinados, esta vez, con las hazañas de los deportistas en las recientes Olimpiadas. Al poro, playa y bronce de Miami Playa se le añadirá esta vez, el oro, plata y bronce de Beijing. Bien analizado, el Síndrome Postvacacional es una variante del Síndrome de Estocolmo de la siesta con pijama y orinal. 
   Pero en alguna tropa laboral este tipo de síntomas no es nuevo. Si el concepto de síndrome conlleva la percepción de insuficiencia, en ciertos compañeros de trabajo estos signos no son del todo desconocidos. En algunos coincide que durante el año tienen el Síndrome Horario. Es decir, su cuerpo está en el trabajo, pero veinte minutos (es un decir; también pueden ser treinta) después de entrar y veinte minutos (el decir tan bien sirve aquí) antes de salir, su cerebro está en evidente desconexión neuronal. Su implicación está de vacaciones cada día en estos espacios. Al incorporarse necesitan ir al baño, pararse en los carteles caducados, leer en diagonal los e-mails. Al salir, hay que ordenar la mesa, llamar por teléfono al gimnasio y ver si ha llegado un e-mail del profesor de chino. Cualquier demanda en estos lapsos de tiempo son percibidos como una agresión personal.
   Coincide en ellos otras señales cuando llega el final de la semana. En la medida que durante el ciclo normal de trabajo están atacados por estos síndromes, el viernes tienen otro nuevo. Ese día empiezan a correr agobiados por acabar alguna cosa. Quieren (dicen) terminar con el trabajo. El último día aceleran lo que han dejado sistemáticamente al ralentí durante la semana.
   En definitiva, parece que hay mucha gente en el trabajo a la que se le puede diagnosticar un grupo de síntomas de insuficiencia metódica que concurre con mucha frecuencia en tiempo y forma. Todo ello nos llevaría a definir el síndrome de los síndromes.
   Hay que mirarles a los ojos y decir con mucha solemnidad que padecen el Síndrome de Agüado: cuando tú empiezas, los demás ya han terminado.

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18
Jul
2008


Equipo o Grupito


Asumámoslo: el ser humano no está preparado para trabajar en equipo. No tenemos una historia genética que nos permita afirmar que somos una superestructura como las hormigas. En consecuencia, no funcionamos a favor del equipo si no sacamos alguna tajada individual. Ahí están miles de cursos sobre “Trabajar en equipo” como testimonio de nuestra ignorancia. Desde esta premisa, tres consejos para el candidato a trabajar en equipo.

1- Ser siempre candidato. La etimología de esta palabra proviene de la voz del latín cadidatus (el que viste de blanco), derivado del verbo candere (ser blanco, brillar intensamente), voz con la que se designaba en Roma a quienes se presentaban como aspirantes a cargos públicos, En el ritual romano, los candidatos debían cambiar una toga por una túnica blanca (candida) con la que exhibían públicamente para manifestar la pureza y honradez que cabe esperar de los hombre públicos. En la actualidad nadie quiere ser candido porque se le asocia a tonto y a memo. Pero el verdadero significado está ligado a la sinceridad y a la sencillez. Quizás sea una buena medida mantenerse fiel a esta acepción. De entrada, para trabajar en equipo es necesario mantenerse fiel a la integridad de nuestras ideas desde la humildad y el respecto.

2- Olvidarse de trabajar. La palabra trabajo tiene su significado ligado al latín tripalium: tres palos que formaban un instrumento para atar a los reos. La evolución actual ha quedado anclada en una idea más general de sufrimiento. Hoy, trabajar en equipo significa ayudar a pensar juntos para encontrar una solución al reto planteado al grupo. Es decir, hay que sustituir el concepto de trabajar individualmente por el de pensar en equipo. Sólo así fluye un resultado interesante para el grupo y uno mismo.

3- Alejarse de los grupitos. El ser humano no va a favor de nada; siempre va en contra de algo. Esta hipoteca emocional favorece la manía de dividir el mundo en dos: los que están conmigo o los que están contra mí. Desde esta premisa, el cosmos es un equilibrio de gente que se adhiere y se abraza a unas ideas o se enfrenta y se aleja de las mismas. Así se forman los grupitos. Personas que dejan de matizar (un indicio que nos asegura pensar de verdad) para observar tan solo a los que están en contra suya. Ya no les preocupa la solución sino quien está en el otro lado. El desempate es evidente: cuando el candidato se encuentre con un grupito, aléjese argumentando que su aportación no está en contra de nadie sino tan solo a favor del cliente al cual repercute el problema planteado. En el equipo se encuentra una combinación de respeto, exigencia y generosidad mientras

que en grupito no hay nada más mezquindad.

Corolario: siempre es mejor pertenecer a un equipo de cándidos que a un grupito de mediocres sin horario.

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20
May
2008


C.R.I.S.I.S.


De vez en cuando vuelve el catarro. Unas veces es más fuerte, otras con tos y moquillo. Esta vez la crisis económica es mucho más que una gripe y tiene pinta de neumonía.

Cuando viene la enfermedad todo el mundo se mueve en busca de un remedio para curarse. Va al médico y al farmacéutico, recuenta sus síntomas y busca el mejor medicamento para sobreponerse.

Ahora con la crisis calada hasta los huesos es necesario medicarse de inmediato. Tómese cada dos horas estos principios activos en forma de recomendaciones.

C.R.I.S.I.S.: Cambio Radical de Ideas, Sistemas, Individuos y Soluciones.

Cambio. Facilita el crecimiento de nuevas conexiones neuronales. Evita la parálisis del cerebro por continuismo, arrogancia y pereza institucionalizada.

Radical. Favorece la rápida metabolización del cambio. Llega a todas zonas dañadas y elimina cualquier pequeño resquicio de la enfermedad.

Ideas. Descarta simbolismos enquistados en el pasado. Provoca una mejora en el flujo de las ideas con objetivo de renovarlas por completo.

Sistemas. Reinventa los métodos de trabajo. Elimina los procedimientos y costumbres poco profesionales y centra la atención en lo verdaderamente importante: el cliente.

Individuos. Excluye agentes contaminantes. Aparta los miembros del grupo que no demuestran interés por tener clientes contentos de verdad.

Soluciones. Alivia las fricciones con el cliente. Mejora los remedios de los conflictos.

Contraindicaciones: tomar uno solo de estos principios sin todos los otros, altera el efecto de la medicación, favoreciendo el resurgimiento de la enfermedad con más virulencia.

Nombre del medicamento: Frenacrisil. Slogan: Para no perder clientes de mil en mil.

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18
Mar
2008


Exit


Hay empresas, personas e instituciones que son necesarias de entrada. Forman parte de una red de recursos y servicios imprescindibles para la supervivencia de los demás. La sanidad y la educación y los políticos lo son; como lo son la cultura, la comida y la universidad. Para muchos lo es la familia, los hijos y los restaurantes.
   De entrada todo parece necesario, principalmente si es analizado por los propietarios de la necesidad. Pero también es imprescindible en nuestros días valorarlo todo por su utilidad en la salida.
   Entrada y salida indicarían las dos posiciones donde se pueden examinar las personas, las instituciones, las empresas y las cosas.
El concepto de entrada nos daría el valor de tenerlo por definición, de necesitarlo en la acepción más intrínseca. Lo seria la sanidad, la educación, la comida, la vivienda y, entre otras, los políticos en democracia.
   El concepto de salida nos ofrecería el valor de usarlo y disfrutarlo por su eficacia y su magnifico resultado. Es la valoración de lo hecho y recibido, de lo útil referido a lo pensado para ser válido. Seria un sanidad pensada para dar un buen servicio; una educación adaptada a los tiempos que corren y, entre otras, unos políticos que gestionan bien los conflictos sociales.
   Partiendo entonces de estas dos variables, aparecerán sus combinaciones para valorar. Así habrá sujetos y entidades que serán necesarias de entrada y se mostrarán, gracias a su actividad en el tránsito, útiles de salida. Son necesarios y lo hacen bien. Son necesarios y útiles a la vez. Tienen valor en los dos lugares. Tienen aquello que pocas cosas tienen: algo por lo que merecen ser queridas, muy queridas.
   Pero también habrá quien perteneciendo a la categoría de necesarios de entrada son totalmente inútiles de salida. Se amparan en su condición de imprescindible y no hacen ningún esfuerzo por pasar al reino de los útiles. Sin embargo, hay por el mundo cosas innecesarias de entrada. Muchas de ellas no existirían sino se mostraran útiles de salida. Esa es su fuerza de su existencia. Innovan, evolucionan para adaptarse y, a pesar de que nadie las necesita de entrada, se hacen un hueco en el mundo de lo útil.
   Finalmente, es posible que no existan por su propia condición aquellas entidades o personas que ni son necesarias de entrada y que acumulan inutilidad de salida.
   Necesarios de entrada e inútiles de salida; necesarios de entrada y útiles de salida. Innecesarios de entrada pero útiles de salida e innecesarios de entrada e inútiles de salida. Cuatro categorías, cuatro listas, cuatro valores para examinar la vida de hoy.
   Ahora miremos alrededor escojamos algo y valorémoslo con este sistema: la sanidad, la educación, los políticos, la televisión, el cuñado o un espejo.
   “Espejito, espejito, yo que soy: ¿necesario, innecesario, útil o inútil? De entrada no me lo digas, que esta noche tengo una salida”.

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18
Jan
2008


Un poco


Hay muletas y muletillas. Las hay de madera, de hierro, de plástico o carbono enriquecido. Grandes y pequeñas. Todas ellas son la señal de que se está en un periodo de recuperación. Sea como sea es un tiempo de prudencia extrema y miedos controlados.
   Hay también muletillas del lenguaje. Palabras que se infiltran en nuestro discurso sin permiso dando la impresión de ser soportes de nuestro alegato pero, en realidad, no son otra cosa que el reflejo de nuestro tiempo.
   Hoy en día hay una matraca que repica entre nuestras conversaciones tanto en casa, como en el trabajo y en la ciudad. En este momento es tan insistente, tan transversal y tan extendida que da la impresión que nadie quiere lo contrario. Se infiltra en las disertaciones de hombres y mujeres para no parecer irreflexivo y prepotente. Sin embargo, no es otra cosa que miedo controlado en un periodo de recuperación.
   En un tiempo de botellones, deporte extremo y grandes viajes galácticos, las personas leemos un poco, amamos un poco; explicamos un poco las cosas y trabajamos un poco.
   Un poco. Una cantinela que define nuestros días en nuestra cabeza. Nuestro cuerpo debe disfrutar mucho, tener mucho de arriba o de abajo y acumular mucho tiempo libre, pero para la mente un poco es suficiente. Así lo denuncian las conversaciones. Vamos a trabajar "un poco"; explicamos "un poco" y estudiamos "un poco", no sea que los demás o uno mismo nos cansemos de entrada un demasiado.
   De poco se deriva apocado. Es nuestro tiempo achicado, menguado de sentido común. Una época de grandes títulos académicos que dan a suponer un gran conocimiento pero insistimos en "un poco" cuando se trata de actitudes que piden de esfuerzo y de gastar energía. Al final de todo "un poco" hay la pachorra. Aquella cachaza que flota en el ambiente y precede al aburrimiento intelectual. Por si acaso, será preferible darle poca credibilidad a lo que empiece con "un poco" y evitar este tranquillo en nuestros planteamientos.
   Será mejor utilizar "un mucho" cuando se trate de poner seriedad, sensatez y sensibilidad a nuestros días. Otra cosa es ir poco a poco en busca de mucho.

*Un poco, un poquito. Una mica, una miqueta.

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18
Dec
2007


V


Viaje y vinculación les une la letra V. Viaje es signo de libertad y vinculación viene de atadura. La inmigración es el signo de nuestro tiempo que empieza con un viaje en busca de pan, trabajo y paz. Es un trayecto que traslada a sus protagonistas de un lugar a otro, física y emocionalmente. Una emigración que los llevan de la esperanza a la felicidad. Abandonan su familia y sus amigos; su lengua y su tierra; su cultura y su status. Y vienen (o van) y aparece el duelo.
   Es el Duelo del Inmigrante. Un proceso de reorganización mental que busca la desvinculación con lo debajo atrás. Ese camino tiene un determinado recorrido en forma de encefalograma emocional. Desde la esperanza como lo último que les queda por perder, hasta la pequeña euforia de decidir su marcha, pasando por el riesgo del viaje y la alegría de llegar, se encontraran con el bajón que produce la frustración de que aquello que han encontrado no es en realidad lo que le contaron. Y así, con el vacío y la distancia se sumirán en el Valle del Dolor. Aquel lugar donde las dudas mentales y los dolores corporales son el signo de que todo va mal.
   Pero la suma de resilencia y acogida llevarán a sus ánimos hacia arriba hasta conseguir aquello que buscaban y no tenían. Es sabido por todos que para que se de el proceso de comunicación ha de haber un emisor y un receptor. Aplicando este modelo a la inmigración (sin entrar en consideraciones de causa-efecto) tendríamos al desplazado como el emisor (el que va) y al receptor como el que "está".
   El que se "va" –lo hemos señalado- sufre dolor (duelo). Pero, una mínima consideración científica nos obliga a preguntar: y al receptor (el que "esta") ¿le pasa algo? ¿siente alguna emoción?
   La obvia afirmación es argumentada como una mezcla de compasión y responsabilidad. Pero el abordaje no es tan fácil ni tan políticamente correcto. Se trata de averiguar si el receptor también padece algún "duelo". Sin entrar en consideraciones de que "duelo" es más doloroso, parece probable que el que "está" también tenga que hacer su propio viaje emocional.
   Seria un recorrido que iría desde la seguridad a la confianza.

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18
Sep
2007


El Lovehome


El Lovework puede existirLo ha demostrado en pocos meses una noticia del El Mundo. La motivación es un acto privado y nadie puede intervenir en ella desde la perspectiva de provocarla. El Lovework se ha convertido en un nuevo paradigma en la gestión de los recursos humanos utilizando una de las palancas de la innovación: mirar la luna desde el otro lado.  
   Es cierto que en el Lovework hay lecturas interesadas. Algunos directivos se han aprendido de carrerilla el estribillo "Motivados de casa" y lo ofrecen gratis en todas las máquinas de café de la empresa. Pero no informan de la cara "B". El Lovework dice, efectivamente, que lo empleados han de ir motivados de casa y ser, en consecuencia,  responsables de que sus problemas personales no repercutan en su trabajo. Lo expresa (el Lovework) como sinónimo de una autoconfianza e ilusión en empezar un nuevo día laboral. Pero solo es una parte. La otra la han de poner los directivos (o mandos intermedios e incluso compañeros) en no desmotivar a los motivados de casa.   
   En la medida que todos los mares profundos se unen, podríamos aplicar este modelo al ámbito de la casa (como lugar de encuentro de dos humanos formando pareja) y tendríamos otro mito cazado: el de la felicidad por compañía.
   El mito de la media naranja. Aquel que sugiere un mundo de amputados anónimos buscando desesperadamente la otra parte. Los humanos buscamos a otro humano para que "nos haga feliz". La pregunta clave en este punto es, ¿qué no vienes feliz de casa? Pero insistimos: "Busco a alguien que me comprenda". Y de nuevo otra pregunta, ¿qué no vienes comprendido de casa?
   Los humanos maduros saben (por razonamiento y experiencia) que es difícil que un humano haga feliz a otro. No nacemos con esta habilidad incorporada en nuestra genética. Es muy posible que necesitemos miles de millones de años más para generar esta mutación. Mientras tanto que la naturaleza no se ponga a trabajar a destajo, procuremos centrarnos en comprendernos mejor a nosotros mismos. Seamos honestos con los demás y no le pidamos que nos adivinen nuestros hechos y pensamientos si nosotros mismos no sabemos porque hacemos o pensamos lo que hacemos sin pensar y pensamos sin hacer.
   Por eso, consejo para los humanos en proceso de encuentro (todos, por estar en tránsito de entrar; por estar de pleno en él; o estar a punto de  salir): hagámonos felices a nosotros mismos, busquemos en nuestros adentros más recónditos los códigos de la autocomprensión y exijámosles a los demás que, por favor, no nos hagan infelices a la gente que ya venimos felices de nuestra anterior casa.
   Seria el Lovehome: personas que se comprenden a si mismas y no tienen la pretensión de salvar a los demás de su infelicidad (por que ya no existe en ellos); sino que, respetuosos con la primera condición (son felices), luchan cada día para no convertirse en la infelicidad de los demás.
   Si el Lovework se conoce con la frase, "con ducha y jabón, motivación"; el Lovehome puede identificarse con el slogan; "con colonia y desodorante, autocomprendido por detrás y por delante".

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18
Jun
2007


Más allá de las 4 P's


Hay 4 pes en la sociedad-mercado: producto, precio, distribución (de place en inglés) y promoción.
   Una letanía que todo el mundo ha de saber de carrerilla si quiere ser bien considerado. Es el marketing inmerso en nuestras vidas tan imprescindible ya como el oxigeno.
   Hasta tal punto es necesario ese estribillo que en china han abierto una escuela de negocios para niños de preescolar. Les enseñan liderazgo y negocios. Aquí, mientras tanto, organizamos cursos para directivos en parques temáticos de la formación fuera del aula. Se tiran en parapente, lanzan flechas, se disparan bolas de pintura y saltan a la cuerda. Sus imágenes sin sonido más bien parecen sacadas de un patio de colegio para adultos, vigilado por Peter Pan en la Tierra del Nunca Jamás.
   A unos y a otros nos deberían poner juntos en una escuela para la otra parte. Ese costado donde aparece la relación con el otro. Un lugar que no ocupa sitio porque está en todos lados.
   Una academia donde nos enseñarían a preguntar antes de actuar. A escuchar antes de hablar. Un instituto donde examinarían de observación en lugar de acción, donde la prudencia tendría más nota que la precipitación y la constancia fuera más premiada que la rapidez.
   Seria un curso donde la asignatura de la paciencia fuera obligatoria y la perspicacia imprescindible para obtener el título. Un lugar lleno de perspectiva en que todo estaría basado en saber tener una visión panorámica de la vida.
   Una aula llena de mensajes que explicarían como la imprudencia cambia piernas por ruedas. Como la precipitación usa las palabras como puñales y la inmediatez genera adrenalina basura. Habría ejemplos de cómo la arrogancia se enmascara de sabiduría y el falso orgullo de dignidad.
   Perspectiva (para no estar toda la vida con la nariz pegada a un elefante de cartón); Paciencia (para evitar saltar del balcón por el humo de un cigarrillo); Prudencia (para no arrepentirse de hacer el tonto); Perseverancia (para no dejar nada a medias); Predisposición (para salir motivados de casa) y Perspicacia (para saber cual de las anteriores hay que practicar en cada momento).
   Perspectiva, Paciencia, Prudencia, Perseverancia, Perspicacia y Predisposición: las 6 nuevas pes para vivir con uno y con los otros. Un mix operativo para la puesta en escena de una plataforma estratégica clara: ser un humano maduro que piensa en el futuro con la idea clara que, al estar de paso, hay que dejar las cosas mejor ordenadas de cómo se las encontró.

   Matrícula abierta.

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18
Dec
2006


Un día Lovework


Trabajar ha sido una carga física y psicológica por culpa de la etimología tripalium: tres bastones que servían para maltratar a los esclavos cuando no trabajaban.
  
Pero este latigazo genético puede ser una anécdota de la historia comparado con un mal día en el trabajo por culpa de la relación con los otros. Los otros: esos compañeros de trabajo que no elegimos y que están ahí, programados para fastidiar nuestro sueño de investigadores solitarios con sus "pases de marrones". Los otros: esos jefes por triénios que suben en un organigrama prusiano para mandarse malamente, aunque sea como Responsable de Unidad, a uno mismo. Todo parece estar preparado para fastidiar ese día que amaneció tan bonito.
   Sin embargo, nuestra sociedad tiene en el trabajo su acto social y nadie quiere estar en el otro lado. Pertenecer a una empresa empieza por entrar en una selección y, una vez en ella, dejarse llevar por algún nuevo método de eliminación. Superadas las pruebas uno puede esgrimir su nuevo título social: útil. Ahora habrá que ir a trabajar. Qué fastidio.
   Una vez muerta la cultura del esfuerzo y el sacrificio (por innecesaria); exhausta la idea de integración (por incomprensible) y superada la teoría de la motivación y el liderazgo (por imposible), ¿qué nos queda? : el Lovework.
Buscar el Lovework no es sencillo. Ni romántico. No es el amor por el trabajo en el sentido más bucólico. Es el amor por el compromiso recíproco. El Lovework es el amor por el trabajo bien hecho dentro de un ambiente de buen rollo.
   Mirando atrás, el artesano que tallaba la madera para crear una silla "sentía el lovework" al conseguir una pieza inmejorable. El "empleado lovework" recupera la emoción del artesano en la sociedad del conocimiento. Modela cada día sus relaciones con los otros para conseguir unas emociones distintas, perfectas y únicas. Utiliza la artesanía cognitiva para crear una relación inolvidable en clientes y compañeros.
   Pero somos humanos y no máquinas de relaciones. Por eso, porque todos podemos tener un mal día, debemos buscar la solución en otro lado. El Lovewok propone una nueva cultura de trabajo basada en nuevos compromisos entre empleados y directivos.
   La mayor de las incertidumbres aparece cuando se tiene que empezar a confiar en uno mismo. Pero la confianza en uno mismo sólo puede forjarse (Perogrullo) en uno mismo. El Lovework lo sabe. Por eso pide a todos los empleados su primer compromiso: ir confiados de si mismos al trabajo; en otras palabras, aparecer cada día motivados de casa.
   Del Lovework no se escapa nadie y también exige compromiso a todos los directivos. Un encargo muy sencillo: no desmotivar a la persona motivada de casa.
   Si existiera el trabajo perfecto no haría falta el Lovework. Si todas las relaciones fueran admirables no faltaría comprometerse a respetar a las personas; rendir cuentas o comunicar para traspasar conocimiento; tres compromisos de los diez que propone el Lovework.
   El amor perfecto y definitivo no existe y quizá la salida a todo esto sea poder ser feliz día a día. El Lovework promueve esa misma idea en el trabajo: terminar la jornada sabiendo que hemos cumplido nuestros compromisos y que los otros han hecho lo mismo con nosotros.   
  
Por eso ya no hay que desearnos al levantar tener un buen día, sino un "día lovework".


PD: Esta "e-lo" saldrá publicada próximamente en la revista "Emprendedores". Después de un mes de su edición hay datos que nos hacen estar felices. La revista "El Economista" ha dicho que, "la conexión neuronal no sólo es brillante sino que además tiene toda la pinta que dará mucho juego. El concepto tiene la fuerza de un paradigma universal capaz de dar respuestas a muchas cuestiones en el mundo de la motivación por el trabajo" y en Punto Radio se dijo que "el Lovework se había cargado los mitos clásicos de la motivación". Algunas empresas han adquirido un buen número de ellos, incluso una empresa ha pedido una edición especial de 1500 libros como regalo de Navidad. También hemos recibido peticiones de algunos directivos para ofrecer en sus eventos la conferencia sobre el "lovework".
Este éxito inicial tiene una relación directa con las e-locubradas. Cada que vez que nos ponemos frente al ordenador para escribirlas pensamos en nuestros lectores. Sabemos que ellos no quieren perder el tiempo ni escuchar lo mismo de siempre; sabemos también que quieren un punto de ironía y sobre todo claridad. Es por eso que debo compartir el éxito de este libro con los lectores de las "e-los". Quiero agradecerles sinceramente su lectura; con ella me esfuerzo en contarles algo nuevo cada vez y de este reto acabo escribiendo algún libro. Por ello mi gratitud infinita y mi deseo sincero de una Feliz Navidad y un Lovework New Year.

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18
Oct
2006


En el año MMVI


El siglo XXI nos trae orgulloso su apellido. Altivo y festivo se apodera de nuestro tiempo y, sin darnos cuenta hemos consumido 6 años de su historia .La puesta en escena de este siglo es muy diferente al anterior: móviles de tercera generación, televisión digital terrestre, radio frecuencia de identificación y viajes turísticos a la luna. Todo un avance de lo que puede ser la vida cotidiana al final de su recorrido.
   Sin embargo, escuchando a los que somos protagonistas de sus días, parece como si todo siguiera igual que a principios del viejo siglo XX. Nuestra idea del mundo en el año 2006, es decir nuestros mapas mentales (MM), sigue siendo la misma. Entre otros ejemplos podemos recurrir a un ser de este siglo cuando argumentaba en sus conversaciones laborales que sus errores habían sido sin mala intención. Al ser matizado que todos sus errores eran definidos de la misma manera, su reacción fue defender que tampoco era tonto. Es decir, en su cabeza había una calle de doble dirección en que en un extremo estaba la tontería y en el otro lado la malicia. Es decir, por mucho que se desplazara de un lado al otro de la calle solo podía ser la parte proporcional de tonto combinada con malo: o muy tonto y poco malo; o muy malo y poco tonto, o mitad y mitad.
   Seria hora de trazar un nuevo callejero en nuestra cabeza. Pero en la medida que tendremos que esperar que nuevas generaciones ocupen nuestros puestos con nuevos planos de su vida, nosotros hemos de tomar la iniciativa. Por eso tendremos que erguirnos definitivamente y ser valientes (V) para enfrentarnos a nosotros mismos.
Se trata de redefinir las calles de nuestra vida y poner siempre en un extremo la inteligencia (I). Y la inteligencia colectiva como finalidad necesita de personas y compromisos. Ese es el secreto que el siglo XXI tiene escondido detrás de sus días. Conforme vayamos consumiéndolo quedara al descubierto (o no) nuestra capacidad para cambiar nuestros mapas mentales (MM) nuestra valentía (MMV) y nuestra inteligencia (MMVI).
   En el ámbito del trabajo es imprescindible que empresas y empleados redefinan su vida cotidiana en busca de un ambiente laboral diferente. Las empresas no pueden definirse como jóvenes o antiguas, ya no pueden orientarse a las personas o a los resultados. El siglo XXI es un siglo "Y". Un siglo donde la inteligencia se define como la capacidad de poner dos cosas contradictorias en el mismo lugar.
Ya no podemos hablar de empleados motivados (es un mapa del siglo XX), pero tampoco puede sustituirse por tener empleados comprometidos (es un mapa de principios del siglo XXI); es hora de adelantarse a nuestro tiempo y definir el trabajo como un lugar de gente comprometida entre sí. Los empleados deben estar comprometidos con la empresa (sus directivos) y viceversa. Es decir, no es una calle de una sola dirección en donde los empleados se comprometen y sus directivos no.
   Se acaba el tiempo para la motivación y el liderazgo. Ahora hemos de ir más allá en busca de un trabajo en el que se exijan resultados dentro de un ambiente correcto y respetuoso. Se trata de hacer un viaje a un lugar de trabajo basado en los compromisos mutuos.

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18
Jun
2006


La confianza del Siglo XXI


En los últimos tiempos ha resurgido el concepto de la confianza en todos los ámbitos de la vida. Muchas empresas apuestan por una comunicación basada en la confianza; los políticos apelan a la confianza de su electorado y en la vida cotidiana se apunta por tener a alguien con quien confiar: una pareja, un médico, un peluquero, un equipo de fútbol y hasta una mascota. Los seres humanos buscamos soluciones para reducir la complejidad que sobresale de un mundo enredado como el nuestro. Necesitamos reconocer en los demás las destrezas suficientes para depositar nuestra confianza en ellos con objeto de tranquilizar la ansiedad que provoca una sociedad cada vez más confusa con sus progresos.
 
    En una sociedad lineal los pasos que se debían seguir eran previsibles. En ese simbolismo rectilíneo, la vida estaba concebida como un plan definido por fases en que la principal premisa consistía en no volver atrás, en no pisar el camino pasado. La vida establecía su simplificación en la confianza ciega en que debería suceder lo que debía suceder en cada momento. En esos tiempos pasados había dos grandes aliados de la confianza: la familiaridad y el status. Así, era primordial para la tranquilidad de cada uno, reconocer en el otro unos lazos familiares o una solvente posición en la sociedad para reducir la complejidad del mundo. Era un momento en el que ser médico, maestro o ingeniero era suficiente para confiar.

         Pero hoy la presivisibilidad ha muerto. Ahora estamos en un mundo circular donde cada humano actúa de forma distinta. No puede esperarse lo mismo de un maestro, de un médico o de un ingeniero porque su entorno ha cambiado y es imposible separase de él. Lo mismo puede decirse de la política y los políticos. Las sociedades complejas son cada vez más difíciles de dirigir y es necesario cambiar la forma de reducir su complejidad. Los políticos son los delegados del ciudadano para responder al requisito de tomar decisiones que tengan en cuenta la mejor alternativa para reducir la incertidumbre.


   La nueva época que estamos viviendo pide una reflexión más intensa a todos los niveles. Ni la casa, ni el trabajo, ni la ciudad –los tres ámbitos de la vida- pueden sobrevivir cuando no hay confianza. La época de la confianza ciega ha sucumbido. La confianza debe pronosticar el daño de la ruptura de la confianza y cuando no lo hace es tan solo esperanza. El que tiene esperanza tiene confianza a pesar de la incertidumbre. Por eso se puede afirmar que, en la sociedad que nos ha precedido, tan sólo había la esperanza en que los demás tomarían las decisiones correctas en favor de nuestra supervivencia. Quizás por ello, en la sanidad, hemos sido definidos como pacientes: para esperar (de esperanza) que sucediera lo que tenía que suceder era necesaria mucha paciencia.

Hoy, la confianza se gana. No vale la familiaridad ni el status, ni tal sólo los hechos pasados son dignos de confianza. Ni los cargos de confianza lo son de verdad porque están basados en la valoración subjetiva de la conducta del otro y no fundamentadas en las competencias verdaderas.

         Para ganar la confianza en el siglo XXI hay que ser capaz de gestionar muchas variables. Entre ellas la verdad; de dar ejemplo, de ser coherente; de tener la habilidad de procesar información, de comunicar y ayudar a pensar al otro. Nadie que se presente como inalcanzable, ofenda y mienta puede ganarse la confianza de los demás. Para adquirir confianza se debe tomar parte de la vida y estar en posesión de crear expectativas que después se puedan cumplir.

         Y ahí estamos todos, con la esperanza de que políticos, médicos, maestros, ingenieros, peluqueros, equipos de fútbol y mascotas se ganen nuestra confianza, podamos considerarlos de la familia y tengan un renovado status en la sociedad.

   Esperaremos pacientemente que lo hagan. Mientras tanto permítanos desconfiar.

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18
Aug
2005


La escaqueonomía


La muerte de una indigente a manos escapadas de unos muchachos de adjetivo normales, ha abierto una nueva grieta en el edificio central de la sociedad.
  
El ser humano como máxima expresión de inteligencia y “centro de todas las cosas” hace tiempo que queda en entredicho por la fuerza de los hechos.
   De pronto nos ponemos las manos en la cabeza frente a casos como éste, pero perdemos de vista que todos estamos posibilitados para repetirlo. Se ve con otras formas y en otros lugares. Se ve en el trabajo y en las casas. En el trabajo se percibe cada día como los jefes imponen su criterio sin pedir permiso, ni opinión, ni disculpas. Un criterio –muchas veces- producto de sus paranoias personales más que de una elaborada pensada. Se nota cada vez más, como los empleados hacen de su trabajo un fin y dejan de ayudar a pensar a compañeros y organización. En la casa, contratamos escuelas para que eduquen a nuestros hijos y emigrantes para que hagan el trabajo sucio. Es un tiempo donde todo humano quiere divertirse y eludir sus responsabilidades. Es un lugar donde todo el mundo administra su tiempo para liberarse del esfuerzo y sus tensiones. Es la escaqueonomía.
   Y si se quiere ser el centro de todas las cosas no se puede vivir sin tensiones. Al menos sin una de ellas. El ser humano nace impedido. Limitado por su génesis, surge atado a un poste. Firme, duro y profundo, este pilar nos aleja de todo aquello que no pueda cogerse con las manos. Pero sus ataduras dan una oportunidad. Son elásticas y sólo con el esfuerzo podemos alejarnos del mástil del escaqueo. Sin embargo, sus ataduras siempre mantienen una tirantez contraria que nos atrae a la pilastra natal.
   Los científicos están inmersos en descubrir que pasa por nuestra cabeza. Por el momento saben que cuando el ser humano no tiene cierta tensión en su vida, acaba por “comerse” su cerebro.
   En días de comérselo todo, deseo para todos los lectores un poquito de tensión. No sea que el árbol de navidad no nos deje ver el bosque de retos pendientes para el próximo año.

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18
Jun
2005


Innovar es una chorrada


En tiempos de embarazos célebres es necesario recordar otro muy reciente. En el baile de letras que nos tiene acostumbrado el mundo de la empresa, una pareja de hecho muy conocida acaba de tener su propia descendencia. Y a pesar de que a ella siempre se la ve embarazada, ahora ya son tres: I+D+i. 

Esa "i" pequeña y débil está llamada a ser el futuro de la empresa. ¿Pero en que consiste en innovar? Hay muchas respuestas, pero solo un camino: descubrir los costes de adquisión de los clientes.

Para encontrar buenas respuestas, hay que hacer siempre la pregunta correcta. La vida en pareja es un buen lugar para benkmarquear. Para descubrir los costes de adquisión del otro miembro de la pareja pueden hacerse dos preguntas. La incorrecta: ¿Dime que podría hacer yo para que fuésemos más felices? La correcta: ¿Dime todo lo que no te gusta de mí? De la primera pregunta nada sabríamos de nuevo, pero de la segunda obtendríamos la lista más dolorosa de nuestra vida. Allí estará toda la materia prima para innovar.

El cliente no sabe que es lo que las empresas han de hacer para mejorar el servicio. Sin embargo, sí conocen muy bien aquello que no les gusta. El problema siempre está en la reacción de la propia empresa que, como en la pareja, todo lo que sale en la lista de la pregunta correcta, le parece una chorrada. Es el síndrome "vaya chorrada".

Veamos una. La innovación en los parkings (ese lugar ya carísimo donde poder liberarse  del coche para no ir demasiado cargado a las reuniones) ha sido relevante. Formas de pago automáticas y control de los espacios vacíos han ayudado a mejorar el servicio al cliente.

Sin embargo, hay una nimiedad que nadie tiene en cuenta. Las plazas de parking están marcadas en el suelo y cuando el lugar de los lados al espacio escogido no están ocupados, la referencia para aparcar queda fuera de la vista del aparcador. Así, dejar el coche en una correcta posición, se convierte en un baile de micromaniobras con la puerta abierta, más propias de un concurso chorra que de un acto sencillo y sensato.

Es fácil. Mientras los automóviles no tengan incorporado un "suelovisor", basta con prolongar la pintura de las líneas del suelo a la pared, dejando los límites del espacio elegido a la vista del conductor.

Una chorrada para innovar.

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18
May
2005


La Verdadera RSC


Hay modas en todo, o todo es una moda. Mire por donde se mire, se trata del mismo percal. Desde hace algún tiempo las empresas están confeccionando, junto con los profesionales de lo mediático, cual es la mejor propuesta para desfilar en la pasarela del Salón RSC (Responsabilidad Social Corporativa). Tratan de manejar el mejor muestrario de acciones para fabricar el más llamativo de los conjuntos cosido con ética empresarial, compromiso medioambiental, desarrollo sostenible, acción social y otros complementos. 
   Nada es más encomiable que una empresa quiera ser socialmente responsable. Sin embargo, deberíamos poner las cosas por orden. Porque estrategia es, sobre todo orden. Sobre todo, en su sinónimo de subordinar. Es decir, en saber discernir que va primero y que va después. Nadie que entienda de vestirse, dudaría que ponerse los calzones antes que los pantalones da un resultado y que ponérselos después da otro muy distinto. Muy distinto es ser socialmente responsable después de ser responsable con el cliente, que serlo antes y sin contar con él. Es decir, ser socialmente responsable empieza por ser responsable con las promesas que se hacen al cliente.
  
Los estudios dicen que un 90% de consumidores está dispuesto a pagar más por un producto o servicio que destine parte de su precio a un proyecto social. Pero no reflejan cuanto más estaría dispuesto a desembolsar un cliente por recibir correctamente el servicio o el producto.
  
El cliente es el primer ente social de la empresa y se merece la máxima consideración de responsabilidad. Por eso, al RSC le sobra la pieza "Social", porque todo es social. Hay montones de empresas que esconden las quejas y las renuncias de sus clientes bajo planes sociales con apariencia de suntuosos abrigos de pieles. Para ser una empresa responsable hay que sustituir el "¿por que no?" (engañar al cliente, emplear niños, contaminar ríos) por "¿cómo lo haré mejor?" (respetar a los clientes, a los empleados y a la sociedad).
  
La primera responsabilidad de una corporación es hacer bien lo que ha prometido que hará. Es todo un proceso de fabricación de honestidad que empieza por el cliente y acaba por la sociedad.
  
Desfilar es un hecho en si mismo de exhibicionismo. Por eso, antes de presentar la nueva colección de acciones socialmente responsables, habrá que sentir en la intimidad la más Rabiosa Sensibilidad por el Cliente. Esa si es la verdadera RSC.
PD. Percal: Tela de algodón de poca calidad

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18
Dec
2004


La DPD


La DGT (Dirección General de Tráfico) sabe que no puede sustituir los semáforos por azafatas repartiendo folletos alabando los valores de la buena conducción. Para conseguir el mismo caos que la medida supondría, es suficiente con dejar los semáforos siempre en ámbar.
   Hace unos años, la Dirección por Valores (DPV) entró en el mundo del management con gran velocidad. Lo hizo con la arrogancia de una limosina en un país de smarts y nos dejó a todos boquiabiertos con su alargada teoría. Las empresas se apuntaron raudas al modelo y empezaron a publicar sus valores corporativos.
   Pero el tiempo ha demostrado que la DPV se ha quedado a mitad de camino. En medio de los valores de la marca y de los valores de comportamiento interno. En medio, como el ámbar intermitente de los semáforos.
La gestión empresarial es un tráfico constante de intereses contrapuestos entre el cliente, el empleado y los demás empleados; los directivos y los demás directivos. Todos quieren -con lógica humana- sus propios beneficios.
   En la ciudad, los semáforos regulan el tráfico rodado bajo dos sencillos principios: pasar y no pasar. Verde y rojo. Claro y conciso. Siempre igual.
   A la empresa le falta clarificar sus posturas y para que la DPV se convierta en el semáforo en verde tan esperado, es necesario tener el rojo. Es decir, aquello que no se puede hacer. Aquello que nadie puede hacer: ni los empleados, ni los directivos. En la medida que no contempla el semáforo en rojo, la teoría de la DPV (la susodicha Dirección por Valores) es atropellada cada día por la DPN (la Dirección por Narices de algunos directivos) o por la DPP (la Dirección por Pereza de algunos empleados) con lo que se ha quedado en una buena intención para tiempos mejores.
   Visto lo visto, propongo una nueva intentona. Hacer de la empresa un lugar donde los empleados vengan motivados de casa y los directivos sean respetuosos, coherentes y comunicadores. Seria la implantación de la DPD (la Dirección por Dignidad). Un planteamiento que bien vale un nuevo libro presentado por azafatas con un uniforme de color ámbar.

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18
Nov
2004


La última duda


Un cliente siempre duda ante una nueva compra. Las empresas existen porque los humanos vacilan sobre que elegir sin equivocarse y, sin embargo, las organizaciones parecen estar más pendientes de sus dificultades que de las de sus clientes. Las premisas de siempre están por los suelos. Eso parece cuando se repasa las teorías clásicas sobre la empresa. Da la sensación que todo está inventado y en la práctica nada funciona: la motivación, el liderazgo o las ventas ya no son lo que eran y sus estrategias están agotadas. Todo el mundo está a la espera de una idea genial y mientras tanto todo sigue igual. Sólo cuando una empresa se da cuenta que el orden de los factores si altera el producto, empieza a moverse en direcciones más exitosas. Estrategia no sólo son las ideas con la que se estructura una empresa, sino el orden con que se vehiculan. Estrategia también es ordenamiento: no es lo mismo ponerse primero los calzoncillos y luego los pantalones que -con las mismas prendas- ponerse primero los pantalones y luego los calzoncillos. El resultado final es sorprendentemente diferente.

   La estrategia de “relaciones con el cliente” está mal ordenada y la mayoría sufre el síndrome de los grandes almacenes. Los vendedores de muchas empresas suelen estar atentos a la entrada de clientes, se comportan amablemente y están prestos a informar. Pero el cliente no quiere información al principio de su relación con la empresa: los catálogos, las webs corporativas y la publicidad ya ofrecen millones de inpunts de información  y ya no quiere vendedores-loro. La estrategia de éxito consiste en entender que hay que colocarse al final del proceso de relación con el cliente. Lo que quiere el cliente es encontrar a alguien que lo atienda en el momento y en el lugar donde sólo quedan dos alternativas -evidentemente contradictorias- y tiene que tomar la decisión definitiva. Los nuevos clientes quieren vendedores-pensadores: personal que acepta el reto de apoyar la inevitable (y temida por el cliente) toma de decisiones. Se trata de hacer de la duda del cliente el valor diferencial de la estrategia de la empresa. La empresa ha de estar organizada para prestar atención, a cada cliente y en cada compra, en su última duda. 
¿O no?

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18
Oct
2004


R2D2


Es indudable que esta galaxia no es la misma. Nada de lo que hasta ahora había sobrevolado nuestras cabezas ha quedado en pie. Estos días se han cruzado dos nuevos hechos que explican la mutación de nuestro cosmos. Por un lado, una nave blanca a la deriva se ha estrellado contra el planeta D2 y por otro, una carrera de coches-nave organizada en vías lácteas propiedad de ciudadanos normales han puesto en evidencia todo el sistema de decisiones de la galaxia humana. En otras palabras, los jugadores del Real Madrid han sido criticados por amar demasiado D2 (dinero y diversión) y la carrera de coches Gumball ha sugerido el mayor de los desafíos a R2 (responsabilidad y respeto).
Visto lo visto, Dinero y Diversión han sustituido definitivamente a Respeto y Responsabilidad.
La Gumball ha sido la representación estelar. Algunos muy ricos han añadido a su colección de extravagancias un nuevo divertimento: la kinki live. Se trata de saltarse todas las leyes posibles en el menor tiempo disponible. Hay que llegar primero a la meta con el vehículo empapelado de multas caras y anécdotas contra la ley establecida. El record es ser el más kinki, el más irreverente e irrespetuoso con los demás. Se trata de hacer subir la adrenalina a costa de la libertad de los demás ciudadanos. Y sobre todo, con mucho glamour.
¿Pero qué es glamour? Acabadas sus fechorías, los participantes de la Gumball han parado en los mejores hoteles de las ciudades insultadas y han dejado en la caja un buen pellizco de su fortuna; sin rastro alguno de una verdadera responsabilidad social corporativa por parte de los establecimientos hoteleros, utilizando el derecho de admisión. Han organizado sus fiestas finales de etapa y un big bang para el último día. Todo de lo más glamoroso.
Después de ver imágenes de las fiestas, de analizar sus gestos, sus bailes y sus comportamientos podemos llegar a una conclusión: tener glamour es hacer el gilipollas en cámara lenta.
Que la paciencia te acompañe.

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18
Dec
2003


Los usuarios y la sanidad


En los últimos años, la sanidad se ha visto obligada a encontrar una teoría sobre el cliente. Obligada por la paradoja de disminuir los recursos y aumentar la efectividad, ha hecho necesario encontrar nuevos planteamientos estratégicos basados en la calidad asistencial y las expectativas del usuario; hasta ahora, desarrolladas tan solo en la etapa de deseos y discursos.
   El objetivo central de la sanidad es curar y cuidar a los pacientes. Este hecho inapelable como bien intrínseco de la medicina (aquello que hace a una profesión indispensable para la sociedad) ha cambiado en el tiempo y da la sensación como si, unos y otros, (la medicina y los pacientes) se encontrasen ahora en campos muy distantes. Definiremos aquí como el “círculo técnico” el espacio simbólico donde se mueven los profesionales de la sanidad y “círculo perceptivo” el mundo de sensaciones donde vive el usuario.La medicina basa todo su discurso en la cientificidad de sus decisiones. Utiliza técnicas cruzadas que refrendan sus decisiones en la universalidad de las repercusiones. Es decir, trata de encontrar un sistema que ayude al mayor nombre de pacientes con objeto de transportarlo a un protocolo que garantice el éxito, al menos, en el 80 % de les ocasiones.
   En el otro lado, el usuario no tiene idea científica de su enfermedad. No sabe nada. No ve nada. Tan sólo confía en lo profesionales y se mantiene a la espera de los resultados que no sabe porque camino llegarán. Están en un círculo fabricado de signos y expectativas. Así como el “círculo técnico” existe para los profesionales y es real y universal; los usuarios están prisioneros de un círculo irreal e inexistente. Es tan sólo suyo. Es muy particular.
Para los profesionales es muy importante que los usuarios confíen en ellos. Se trata de partir de una premisa que facilita el proceso y deja al “círculo técnico” todo el protagonismo. Si embargo, en estos últimos años les trayectorias de estos dos círculos han sido claramente divergentes.
Por un lado, el “círculo técnico” ha reforzado su existencia cerrándose cada vez más en si mismo, alejándose del “círculo perceptivo”. La medicina considera pequeñeces, rarezas y fabulaciones les demandes actuales de los usuarios y se encierra cada vez más en los recursos técnicos. Su planteamiento es cada vez más “universal” y, contradictoriamente, menos particular.
El usuario ha viajado por un camino contrario. El aumento exponencial de información ha generado una creciente asertividad, que, combinada con la sensación de inseguridad incuestionable (no hay nada para siempre), ha creado una rotura de la fe incondicional en la medicina (igual que en muchos otros campos). Si añadimos la falta de información de la sanidad (tanto pasiva como activa), a las dificultades para acceder rápidamente a la medicina y la divulgación de noticies negativas (signos en el mundo perceptivo) hacen que el círculo “irreal” y particular de les percepciones se conviertan en una experiencia real para a todos los usuarios. Es de decir, el campo de les percepciones ha pasado de irreal a real y de particular a universal. En opinión del usuario, la medicina ha abandonado el círculo universal y científico parar pasar a ser un ámbito cerrado, egoísta e irreal.
   Es posible que ahora, la medicina necesite hacer un paso más. Es a la sanidad que le toca reconciliar a los dos círculos y hacer uno solo. El “círculo científico y el perceptivo” no pueden estar separados, como tampoco puede estar separados la enfermedad y el enfermo. El usuario no puede “sentir” la existencia de la medicina si no es por les percepciones del exterior. El trato y la información correctos son signos por los que el usuario hace “real” la medicina.

PD: La palabra cliente tiene una historia etimológica interesante. Proviene de la época feudal y significa “persona protegida por un amo”. De eso se trata, de recuperar el bien intrínseco más básico de la medicina: curar y cuidar enfermos. Protegerlos de su enfermedad, pero también de su angustia.

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18
Apr
2001


Antitarget


Con la evolución de los mercados actuales, una de las estrategias de Marketing más difíciles es la de segmentar. Desde la aparición del modelo teórico inicial de la mano de Kotler, el concepto del target ha acompañado fielmente al Marketing como un buen perro a su amo.
   Cercanamente, el target ha visto la necesidad de adjetivarse para ponerse al día de los cambios y ha necesitado un nuevo collar para evitar las malas pulgas del mercado. El core target es la nueva fórmula de microsegmentación con pretensiones de exprimir más la información sobre el posible consumidor.
   Sin embargo, el mercado tiene espíritu inquieto. Se mueve sin parar y en el interior de su febril agitación, el potencial cliente se esconde bajo consignas oscuras e imprevisibles. Los futuros consumidores quieren ser descubiertos por las empresas y disfrazan sus necesidades de una supuesta utilidad confusa.
   Ante toda esta espesura, una luz creativa ha abierto una nueva estrategia de segmentación. Analizando el nuevo anuncio de Audi (el impresionante spot del fan de Elvis Presley) no podemos hacer otra cosa que rendir pleitesía a un nuevo concepto de Marketing: el antitarget.
   Toda la estrategia de comunicación del anuncio está basada en la exhibición del anticonsumidor. Es decir, enseña con creatividad y descaro quién no es el target de su producto. Impregna la pantalla de items de segmentación y deja exhaustivamente claro quién no comprará nunca su coche. Un mensaje que sutilmente es acompañado por el core target en un papel de magnífico actor secundario.
   Si es cierto que para reafirmarse, toda entidad necesita la identidad contraria y que el éxito de un equipo de fútbol pasa por vencer a su peor enemigo deportivo; el Marketing habrá encontrado en el antitarget una nueva manera de reafirmar su hegemonía en la dirección de la incertidumbre comercial.

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